
Hay regalos que aciertas y regalos que aciertas de verdad. La cocinita de su primer cumpleaños fue de los segundos. Desde el día que la montamos no ha pasado un solo día sin que la use. Y lo que empezó siendo un juguete se ha convertido en una ventana a cómo ve ella el mundo.
Los juguetes de imitación para niños son de esas compras que parecen obvias en retrospectiva pero que cuando las haces no sabes del todo lo que estás comprando. Nosotros tampoco lo sabíamos. Ahora sí.
La cocinita: el origen de todo
Llegó por su primer cumpleaños y fue amor a primera vista. Antes incluso de que termináramos de montarla ya estaba intentando meter cosas en los fogones.
Lo que más nos ha sorprendido es la evolución del juego. Al principio era simple: cogía cosas, las metía en la olla, las sacaba. Manipulación pura. Con el tiempo fue añadiendo capas. Empezó a imitar gestos concretos, a remover, a soplar para enfriar, a servir con cuidado. Y un día, sin que nadie se lo enseñara, nos trajo un plato imaginario y nos dijo que el desayuno estaba listo.
Desde entonces nos prepara purés, cafés, tortillas y todo lo que le pida la inspiración del momento. A veces come ella también, sentada con su plato de juguete mientras nosotros comemos de verdad. La cena en familia tiene ahora una comensal extra con menú propio.
El carrito y las muñecas: el paseo como juego
Casi a la vez que la cocinita llegó el carrito para pasear a sus muñecas y bebés. Y aquí ocurrió algo que nos hizo gracia desde el principio: ella hace exactamente lo que nosotros hacemos con ella.
Prepara a la muñeca antes de salir, la tapa si hace frío, la consuela si se cae. Cuando bajamos al parque quiere llevar su propio carrito con su propia muñeca dentro, caminando a su lado como si fuera otra madre más en el parque. La logística de salir de casa se ha complicado un poco, porque ahora hay que esperar a que ella también tenga lista a su muñeca antes de poder marcharse. Pero es tan bonito verla que no nos quejamos demasiado.
La caja registradora: la última obsesión
El juguete más nuevo es la caja registradora con frutas y productos del supermercado. Y ha desatado algo que no esperábamos: la vocación de tendera.
El juego es siempre el mismo y nunca se cansa. Nosotros pedimos, ella busca el producto, nos lo da y esperamos a que nos cobre con los billetes de mentira que vienen en el juego. Si nos olvidamos de pagar, nos lo recuerda. El protocolo es estricto.
Lo más gracioso es que el juego ha trascendido la caja registradora. En el parque hay un mostrador en la zona de los columpios que se ha convertido en su tienda improvisada. Se sienta detrás, nos pide que le pidamos cosas, coge una manzana imaginaria del aire y nos la entrega con toda la naturalidad del mundo. Después espera el pago. Sin caja registradora, sin productos de plástico. Solo imaginación pura.
Por qué los juguetes de imitación para niños son los mejores que hemos comprado
Los juguetes de imitación para niños tienen algo que pocos juguetes tienen: crecen con ellos. La cocinita que a los doce meses era un juguete de manipulación, a los veintiún meses es un escenario de juego simbólico complejo. El mismo juguete, otro nivel.
Además conectan directamente con su mundo real. Ella juega a lo que ve, a lo que vive, a lo que nosotros hacemos. Es su forma de entender cómo funciona todo. Cada café que nos prepara es una forma de decirnos que nos ha observado, que ha aprendido, que lo tiene fichado.
Si estás pensando en qué regalar a un niño de entre uno y tres años y no sabes por dónde empezar, una cocinita, un carrito o una caja registradora son una apuesta segura. No fallan. Y si además tienes una niña que ya va al parque con su propia sillita y su muñeca dentro, como os contamos en el artículo sobre la ley de la selva en el parque, el juego de imitación ya lo lleva integrado de serie.
En este enlace de Amazon Afiliados tienes nuestra cocina: Cocina Juguete
Deja una respuesta