Conversaciones para besugos: El idioma secreto de los 2 años

Niña de 2 años hablando a sus padres

Si tuviera que elegir la fase más fascinante y, a la vez, más delirante de la paternidad hasta ahora, lo tengo claro: es ese momento exacto en el que los niños de 2 años empiezan a hablar en serio, pero todavía no dominan el idioma. Es cuando tu casa se convierte en una versión miniatura de la Torre de Babel, donde solo tres personas en el mundo entienden lo que se está cociendo.

A esta edad, nuestra hija ha descubierto que tiene voz y que nosotros reaccionamos a ella. El resultado es un monólogo constante, un chorro de voz que mezcla palabras reales, onomatopeyas, conceptos abstractos y pura chaladura inventada. Y es maravilloso.

El arte de asentir muy serio (y parecer que entiendes)

La escena es un clásico diario en nuestro salón. Ella se planta delante de mí, me clava esos ojos enormes con una expresión de máxima gravedad (como si estuviera a punto de desvelar el tercer secreto de Fátima) y me suelta un discurso apasionado de un minuto entero. Gesticula con las manos, cambia la entonación, se indigna, se ríe… y yo, como padre responsable, me meto en el papel.

Me pongo serio, la miro con atención, asiento solemnemente y respondo frases comodín con tono de profundo interés: “Vaya, ¿en serio? Fíjate tú…” “Claro, claro, si es que llevas toda la razón…” “¿Y luego qué pasó? Madre mía…”

Por dentro, mi cerebro está intentando desesperadamente descifrar si me está contando que tiene hambre, que ha visto una hormiga en la terraza o que está planeando una rebelión contra la hora del baño. Es el equivalente diplomático a cuando un extranjero te pregunta una dirección en un idioma que desconoces y tú respondes “Yes, yes, go straight” mientras sonríes nervioso.

Su diccionario personal: Lógica aplastante

Lo mejor de esta etapa es el vocabulario propio que se van creando. Tienen una lógica aplastante para bautizar el mundo que les rodea, y te corrigen indignados si tú, pobre mortal, osas pronunciar la palabra “correctamente”.

En casa tenemos ya un diccionario secreto que solo entendemos su madre y yo (y a veces, ni eso):

  • “Pipí”: No, no es lo que estás pensando. En nuestro diccionario, un “pipí” no es ir al baño. Es cualquier pájaro, paloma, gaviota o cosa con plumas que pase volando. Se puede plantar en el parque a perseguir palomas al grito de “¡pipí, pipí!” con total convicción.
  • “Ebé” (Bebé): Lo pronuncia dejándose la primera consonante por el camino y con una vocecita súper dulce. Pero lo más gracioso es su concepto de la edad. Para ella no es solo un recién nacido; cualquier niño que pase por la calle, aunque tenga 8 años, lleve mochila escolar y le saque tres cabezas, es automáticamente un “ebé”.
  • “Aua”: Esta es la joya de la corona. Sirve para el agua, para bañarse, para la lluvia, para la piscina y para cuando tiene sed. Es una palabra multiusos de eficiencia alemana.

¿Es normal que un niño de 2 años no hable claro todavía?

La respuesta corta es sí, completamente normal. El desarrollo del lenguaje a esta edad varía muchísimo de un niño a otro. Hay niños de 2 años que ya construyen frases de tres o cuatro palabras con una claridad pasmosa, y otros que tienen su propio idioma privado que solo entiende la familia.

Lo que sí es común a todos es la explosión de vocabulario que ocurre entre los 18 meses y los 3 años. En ese periodo el cerebro está haciendo conexiones a una velocidad brutal: asimilan palabras nuevas cada día, empiezan a entender la gramática de forma intuitiva y descubren que el lenguaje les da poder para conseguir cosas.

Si tienes dudas sobre el desarrollo del lenguaje de tu hijo, el pediatra en las revisiones rutinarias es quien mejor puede orientarte. Pero si simplemente tiene su propio dialecto incomprensible y te mira con cara de “¿cómo no me entiendes?”, bienvenido al club.

Disfrutar del caos mientras dure

Es fascinante ver cómo su cerebro hace conexiones a la velocidad de la luz y va encajando las piezas del puzle del lenguaje. Nosotros tenemos el privilegio de ser los intérpretes oficiales de su primera “conversación para besugos”.

A veces da un poco de pena pensar que dentro de unos meses hablará perfectamente y olvidaremos este idioma secreto que solo hablamos nosotros tres. Así que, de momento, yo sigo asintiendo muy serio a todas sus teorías conspirativas en idioma bebé. Disfrutemos de la locura mientras dure.

Y si el idioma inventado te parece caótico, espera a que lleguen las rabietas. Ahí el nivel de comunicación no verbal sube varios enteros. Te cuento nuestra experiencia con las rabietas a los 2 años y cómo sobrevivimos al día que se acabó el mundo por un yogur mal abierto.

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