El día que aprendió a abrir puertas y el mundo se hizo más grande y más peligroso

Niña intentando abrir una puerta

Hay hitos del desarrollo que celebras con aplausos. Los primeros pasos, las primeras palabras, la primera vez que come sola. Y luego hay otros que celebras con una mezcla de asombro y pánico que es difícil de explicar. El día que nuestra hija aprendió a abrir puertas fue de los segundos.

Desde ese momento nada en casa volvió a ser igual.

El proceso: meses mirando el pomo

No fue de un día para otro. Llevaba meses observando los pomos. Los señalaba, los tocaba, intentaba girarlos. Sabía perfectamente para qué servían, le faltaba la altura y la fuerza para ejecutarlo.

Conforme fue creciendo empezó a ponerse de puntillas. Llegaba al pomo pero en esa posición no tenía fuerza suficiente para girarlo. Era frustrante para ella, tranquilizador para nosotros. Pensábamos que teníamos tiempo.
No teníamos tanto tiempo como creíamos.

Un día llegó, giró el pomo y la puerta se abrió. Sin puntillas, sin esfuerzo visible. Como  si llevara haciéndolo toda la vida. Nos miró con una sonrisa que mezclaba orgullo y provocación a partes iguales. Nosotros nos miramos el uno al otro con una mezcla de alucinación, sorpresa y miedo que tampoco era fácil de disimular.

Desde ese momento tiene acceso a todas las puertas de la casa. Todas.

El aviso que no olvidamos

Unos días después del gran descubrimiento llegó el susto. Estaba en el cuarto de estar conmigo y se dirigía a la cocina donde estaba su madre. Es un trayecto corto, un pasillo de nada. Pero en ese pasillo está la puerta de la calle.

Me descuidé cinco segundos. Cinco. Cuando salí al pasillo no estaba. La puerta de la calle estaba entreabierta y ella estaba en el rellano, mirando las escaleras con toda la curiosidad del mundo.

Cinco segundos. Un rellano. Unas escaleras.

Desde ese día la puerta de la calle está siempre cerrada con llave. Sin excepciones, sin confianzas, sin “un momento que ahora la cierro”. Llave echada en todo momento hasta que aprenda que esa puerta no se abre sola. O hasta que aprenda a abrir con llave, que con ella nunca se sabe y tampoco queremos pensarlo demasiado.

Lo que cambió en casa

Abrir puertas parece un logro menor comparado con otros hitos del desarrollo. No lo es. Cambia la dinámica de la casa por completo.

Antes había zonas seguras, lugares donde podías dejarla un momento sabiendo que no iba a ir a ningún sitio. Ahora no hay zonas seguras de la misma manera. Puede aparecer en cualquier habitación, puede salir de donde la dejaste, puede explorar sin avisar.

Es libertad para ella. Es un nivel nuevo de vigilancia para nosotros. Como cuando empezó a caminar y de repente el mundo se hizo más grande, esto es otra versión de lo mismo. Cada vez que gana autonomía nosotros ajustamos el radar. Igual pasó con la transición a su propia cama: cada paso hacia la independencia tiene su precio en vigilancia y adaptación.

Si estás en la fase de primeros pasos y aún no has llegado aquí, toma nota: cuando llegue el día del pomo, cierra la puerta de la calle con llave antes de que pase nada. Nosotros tuvimos suerte de que el aviso fuera solo un susto. No siempre es así.

Y si ya tienes en casa a alguien que abre todas las puertas y aparece donde menos te lo esperas, bienvenido al club. Somos muchos y todos tenemos la llave echada.​​​​​​​​​​​​​​​​

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