A mi heroína favorita

Pareja abrazada con su hijo

Este no es un artículo sobre carritos, biberones o manuales de supervivencia. Hoy hago una pausa en todo eso para hablar de ella: de mi mujer, de la madre de nuestra hija. Seguramente no llegue a leer esto nunca, pero necesitaba dejarlo por escrito.

Desde hace casi dos años, ella es mi heroína favorita.

El peso invisible del principio

Fue ella quien soportó el embarazo con todo el peso que conlleva. Sé de sobra que lo pasó mal. Hubo miedos, dudas y mucha incertidumbre. Y, sin embargo, apenas se quejó. Su ilusión y el amor que ya sentía podían con cualquier molestia o miedo.

Luego llegó el parto. Más de un día entero, muchísimas horas interminables de esfuerzo y dolor. En ningún momento se dio por vencida y, por suerte, todo salió bien.

Las noches a destiempo y las nuevas batallas

Con el nacimiento, los miedos del embarazo se cambiaron por inseguridades nuevas, como los retos de la lactancia. Nuestra hija apenas dormía, lo que significó que su madre tampoco.

Pasaron semanas enteras durmiendo mal, a destiempo y acumulando un cansancio extremo. Lo que más me sigue impresionando es que nunca perdió el humor. Sus ganas de estar todo el rato con la niña, de sostenerla y calmarla, superaban siempre al agotamiento absoluto.

El motor de nuestra familia

En este año y medio largo, no ha dejado de estar pendiente de ella ni un solo segundo. La he visto leer, informarse y formarse continuamente para darle lo mejor. Pero, por encima de los libros o las teorías, lo que le ha dado es un cariño y un amor infinitos.

Para mí, esta etapa de la paternidad está siendo un tiempo precioso y muy feliz. Pero soy plenamente consciente de que lo es gracias a ella.

Porque aunque las ojeras delaten el cansancio de estos casi dos años, ella sigue siendo el pilar de todo. Mi heroína favorita.

Ella es la que más sabe de todo esto, la que más ha leído y la que más ha investigado. Por ejemplo, fue ella quien nos convenció de probar el colecho cuando yo era el más escéptico de los dos. Si quieres saber cómo acabó esa historia, te lo cuento en el artículo sobre colecho y lactancia: spoiler, tenía razón ella.

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