
Voy a ser directo: cuando eres padre primerizo, no tienes ni idea de zapatos. Yo pensaba que era comprar unas zapatillas monas y listo.
De repente, tu hija empieza a andar y entras en un mundo nuevo lleno de términos: suela flexible, contrafuerte, drop cero, barefoot… La literatura y las polémicas en internet son inmensas. Te sientes abrumado.
Nosotros no quisimos ser extremistas. Buscábamos algo que no fuera perjudicial para sus pies, que aguantara el ritmo de la guardería y que nos funcionara en el día a día.
Así llegamos a los Biomecanics. La primera vez que vi el precio, me dolió la cartera. ¿Casi 60 euros por unos zapatos que le van a durar 3 meses? Me pareció una locura.
Ahora, varios pares después, os cuento por qué hemos repetido (y por qué ya no me parecen caros).
Ni barefoot ni botas de yeso: El término medio
Como os decía, no soy podólogo ni pretendo ser experto. Soy un padre que ve cómo su hija corre, salta y se arrastra por el suelo.
Leímos mucho sobre el calzado respetuoso (barefoot). Entiendo la teoría, pero nosotros necesitábamos un zapato «de combate». Algo todoterreno.
Los Biomecanics nos parecieron ese punto medio perfecto:
- Se ven anchos y fuertes.
- No son botas rígidas de las de antes, pero tampoco son un calcetín.
- Tienen esa famosa suela con estabilizadores laterales (la goma que sube por los lados).
¿El resultado? Dan sujeción sin presionar en exceso. Mi sensación es que ella va segura, pisa firme y el zapato la acompaña sin limitarla.
El modelo «de batalla»: Blancos, velcro y punta reforzada
Hemos probado varios, pero nuestros favoritos son los clásicos blancos con velcro. No os voy a mentir: no son los zapatos más vistosos ni bonitos del mundo. Tienen una estética un poco «robótica» con tanta goma.
Pero, ¿son útiles? Muchísimo.
La puntera reforzada (La clave de todo)
A los 18 meses, los niños no solo andan. Se tiran al suelo, gatean si se cansan, chutan piedras y frenan con la punta del pie cuando van en moto o correpasillos. Esa goma fea que tienen en la punta es lo que ha salvado los zapatos de acabar en la basura a la semana. Aguantan la guardería, los columpios y el parque como campeones.
Lo que más nos gusta (y lo que le gusta a ella)
Más allá de la durabilidad, hay tres cosas prácticas que me han hecho volver a comprarlos cuando le crece el pie:
- Nunca se le salen: Parece una tontería, pero con otros zapatos hemos perdido alguno por la calle o se le salían al correr. Estos, una vez puestos, no se mueven hasta que nosotros decidimos quitárselos.
- La boca ancha: Los pies de los bebés son como «empanadillas», gorditos y difíciles de meter. Estos zapatos se abren muchísimo, así que ponerlos es muy cómodo. Nada de peleas para meter el talón.
- El Velcro: A ella le encanta. Está en esa fase de «yo solita» y se pasa el rato poniendo y quitando el velcro. Le da autonomía y a nosotros nos facilita la vida.
Conclusión: ¿Volvería a gastarme el dinero?
La primera vez que los compré, me lo pensé mucho por el precio. Las siguientes veces, ya no lo dudé.
Cuando ves que un zapato aguanta el trote diario, que la niña va cómoda, que no se tropieza y que el material resiste lavados y golpes, el precio pasa a segundo plano.
Si buscáis algo indestructible, que sujete bien el pie y os de tranquilidad sin entrar en debates extremos, mi experiencia con Biomecanics ha sido de 10.
Si tu hijo está en la fase de los primeros pasos y aún no ha llegado al momento de los zapatos, te cuento cómo fue ese momento tan especial en el artículo sobre los primeros pasos del bebé.
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