Los últimos días antes del parto: falsas alarmas, miedo y una terraza inesperada

Los últimos días antes del parto fueron una montaña rusa emocional. Estábamos nerviosos, emocionados… y completamente novatos. Todo lo que sentíamos era nuevo, y cada síntoma podía ser la señal definitiva.

Una semana antes de que naciera nuestra hija, fuimos al hospital por primera vez pensando que era el momento. Le pusieron los monitores, nos atendieron muy bien, pero nada: todavía quedaba bastante. Nos dijeron algo que se nos quedó grabado: “Cuando llegue el momento, lo sabréis. No habrá duda.”

Dos días después, volvimos. Esta vez había algún avance, pero muy poco. Casi nada de dilatación. Otra vez para casa. No te voy a mentir: salimos algo frustrados, pero también más tranquilos. Sabíamos que quedaba poco, y esa falsa alarma nos sirvió para soltar un poco el miedo.

Aprovechamos esos días para vivirlos con calma. Hacía mucho calor, así que cuando al fin refrescó un poco, decidimos salir a cenar a una terraza. Fue una noche agradable. Nos reímos, hablamos, desconectamos. Como si no estuviéramos a punto de convertirnos en padres. Nos hacía falta.

Esa noche dormimos bien… hasta que al día siguiente, al subir en el ascensor tras dar un paseo, empezaron las contracciones de verdad. Esta vez no eran suaves. Más intensas, más seguidas. Dolor, malestar, incluso un poco de tripa floja. Se duchó para relajarse, y nos tumbamos en la cama a esperar. Ya no estábamos tranquilos, pero después de dos visitas al hospital, intentábamos mantener la calma.

Pero las contracciones iban a más. Más fuertes, más cercanas. El dolor también. Y el miedo. Entonces sí: corrimos al coche, esta vez sabiendo que no era otra falsa alarma.

El trayecto hasta el hospital fue rápido… dentro de lo que cabe. Porque al llegar, apenas podíamos avanzar. Cada pocos metros teníamos que parar. Ella se agarraba a la pared para sobrellevar las contracciones. Y yo ahí, a su lado, intentando ayudar sin saber muy bien cómo.

Entramos por urgencias. Esta vez no hubo monitores, ni espera, ni nada. Directos a paritorio.

Tenían razón la primera vez: cuando llegara el momento, lo sabríamos. Y vaya si lo supimos.

Pero éramos novatos. Y por eso, ahora que lo hemos vivido, me apetecía contarlo. Por si tú también estás ahí, esperando, dudando, temiendo equivocarte. No pasa nada por no saber. No pasa nada por ir al hospital “para nada”. Lo importante es que, cuando llegue el momento, estéis listos. Porque aunque dé miedo, aunque duela… es el principio de algo maravilloso.

Almohada bañera bebe baño Bebe Bebe primerizo Bugaboo Butterfly calor Camara capazo carrito carrito bebe carro bebe chupete cochecito bebe Cojin Consejos padres Costra lacte Dormir Dormir bebe Guardería juegos Jugar Lactancia Leche Llora Lloros Mamar Miedo a la paternidad Niña Niño Padre pañal Pechos Primera sonrisa bebe Primerizo primeros paso Risa Silla paseo Sonrisa Stokke sudor Trona ventilador Vigilabebes

Visita mi instagram

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *