
Cuando pensaba en el primer beso de mi hija, me imaginaba algo ruidoso, baboso y lleno de ternura. Lo que no esperaba es que ese beso viniera acompañado de unos pequeños (y afilados) dientes. Mi hija, que ahora tiene 9 meses, es pura energía y cariño. Desde hace unas semanas, ha descubierto una forma muy suya de demostrar amor: los besos mordisco.
Todo empezó siendo gracioso. Me daba un cabezazo amoroso en el cachete, seguido de una especie de succión torpe. A veces, incluso hacía cosquillas. Pero ahora… ahora tiene dientes. Y si antes me reía, ahora a veces lloro (pero de dolor).
Cariño con colmillos
Lo curioso es que ella no quiere hacer daño. Al contrario, se le nota feliz cuando se lanza con su ataque de amor. Me muerde el labio, la nariz, la oreja… lo que pille. Y lo hace con una intensidad que mezcla ternura, torpeza y entusiasmo. Y aunque duele, no puedo evitar reírme. A ella le encanta. Y a mí, aún más.
El valor de esos besos
En esta etapa, donde aún no hay palabras claras ni abrazos controlados, su manera de demostrar afecto es directa y salvaje. Y aunque espero con muchas ganas ese primer beso con sonido, sensible, suave y consciente… sé que su primer beso ya ha llegado. Y ha sido perfecto.
Tal vez no fue como en las películas. No hubo música de fondo ni gesto dulce con la mano en la mejilla. Pero hubo algo que lo hizo único: fue suyo. Fue su manera de decir “te quiero” sin saber aún decirlo.
Y mientras tanto…
Sigo recibiendo sus besos mordisco con amor, aunque a veces con la ceja abierta o el labio hinchado. Cada uno de ellos me recuerda que estoy criando a una pequeña salvaje adorable, que cada día aprende cómo querer… y cómo no hacerme tanto daño en el intento.Cuando pensaba en el primer beso de mi hija, me imaginaba algo ruidoso, baboso y lleno de ternura. Lo que no esperaba es que ese beso viniera acompañado de unos pequeños (y afilados) dientes. Mi hija, que ahora tiene 9 meses, es pura energía y cariño. Desde hace unas semanas, ha descubierto una forma muy suya de demostrar amor: los besos mordisco.
Todo empezó siendo gracioso. Me daba un cabezazo amoroso en el cachete, seguido de una especie de succión torpe. A veces, incluso hacía cosquillas. Pero ahora… ahora tiene dientes. Y si antes me reía, ahora a veces lloro (pero de dolor).
Cariño con colmillos
Lo curioso es que ella no quiere hacer daño. Al contrario, se le nota feliz cuando se lanza con su ataque de amor. Me muerde el labio, la nariz, la oreja… lo que pille. Y lo hace con una intensidad que mezcla ternura, torpeza y entusiasmo. Y aunque duele, no puedo evitar reírme. A ella le encanta. Y a mí, aún más.
El valor de esos besos
En esta etapa, donde aún no hay palabras claras ni abrazos controlados, su manera de demostrar afecto es directa y salvaje. Y aunque espero con muchas ganas ese primer beso con sonido, sensible, suave y consciente… sé que su primer beso ya ha llegado. Y ha sido perfecto.
Tal vez no fue como en las películas. No hubo música de fondo ni gesto dulce con la mano en la mejilla. Pero hubo algo que lo hizo único: fue suyo. Fue su manera de decir “te quiero” sin saber aún decirlo.
Y mientras tanto…
Sigo recibiendo sus besos mordisco con amor, aunque a veces con la ceja abierta o el labio hinchado. Cada uno de ellos me recuerda que estoy criando a una pequeña salvaje adorable, que cada día aprende cómo querer… y cómo no hacerme tanto daño en el intento.
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