Colecho y Lactancia: Por qué mi hija duerme en nuestra cama (y la cuna es un mueble decorativo)

Si entras en la habitación de mi hija, verás una cuna preciosa. Blanca, impoluta, con sábanas bonitas y un móvil de colores colgando.¿Sabéis quién duerme ahí? Nadie. Bueno, a veces la ropa limpia que no me ha dado tiempo a doblar.

Hoy quiero hablar del elefante en la habitación (literalmente, en nuestra habitación): el colecho. No lo planeamos. No leímos libros sobre sus beneficios antropológicos. Simplemente, queríamos dormir.

La Cuna es Lava

Al principio, como buenos padres primerizos, intentamos lo que dice el manual: «el bebé a su cuna». El problema es que mi hija venía con un sensor de movimiento de última tecnología incorporado en la espalda.

Podía estar profundamente dormida en brazos, totalmente KO. Pero en el milisegundo exacto en el que su espalda rozaba el colchón de la cuna… ¡BUM! Ojos como platos y sirena activada.

Lo intentamos todo: calentar la cuna, meterla dormida, meterla despierta, cantarle, rezarle a los dioses antiguos… Nada. La cuna era territorio hostil. Y a las 3 de la mañana, cuando llevas 4 intentos fallidos, tu instinto de supervivencia toma el mando: «A la cama con nosotros».

Y sorpresa: se durmió. Y nosotros también.

La «Ayuda Estimada» (La Teta Mágica)

Si el colecho es el escenario, la lactancia es la protagonista. Tengo que admitir que mi mujer juega con ventaja aquí. La teta no es solo alimento; es el botón de «Apagar Sistema».

A mi hija le cuesta relajarse para empezar a dormir. Da vueltas, se queja, pelea contra el sueño… hasta que entra en juego la «barra libre». Es mano de santo. Se engancha y en cuestión de minutos (a veces más, a veces menos), cae rendida.

La realidad del Tetris nocturno

Que hagamos colecho y durmamos, no significa que durmamos bien al 100%. Dormir con un bebé (o un niño pequeño) es un deporte de contacto.

Aunque duerma «más o menos bien», la cama de matrimonio se ha convertido en un campo de batalla territorial:

  1. La posición «Estrella de Mar»: Ella duerme con los brazos y piernas estirados, ocupando el 70% de la cama.
  2. Los padres al borde del abismo: Mi mujer y yo dormimos haciendo equilibrios en los bordes del colchón, agarrados a la mesilla de noche para no caer.
  3. El despertar sorpresa: Nada como despertarte con un pie de talla 21 en tu boca o un cabezazo en el pómulo.

¿Es seguro el colecho?

Es la pregunta que todo el mundo te hace (o te piensa) cuando descubre que tu hijo duerme con vosotros. Y es legítima.
La respuesta honesta es que el colecho practicado con sentido común tiene riesgos muy bajos. Lo que los pediatras desaconsejan es el colecho accidental: ese en el que te quedas dormido en el sofá con el bebé encima, o compartes cama habiendo bebido alcohol o tomado medicación que provoque sueño profundo. Eso sí es peligroso.
El colecho consciente, en una cama firme, sin almohadas ni nórdicos cerca del bebé y con adultos descansados, es una práctica que llevan haciendo familias de todo el mundo desde siempre.
Nosotros tomamos precauciones desde el principio: nórdico solo de nuestra parte, colchón firme y cuando empezó a moverse mucho por las noches, añadimos barreras de cama para que no se cayera. Si quieres saber qué barreras usamos y cómo las instalamos, lo cuento en detalle en este artículo.

No somos expertos, pero nos encanta

Más allá de la supervivencia y de las patadas nocturnas, hay algo más importante. No somos expertos en crianza, ni psicólogos infantiles, ni pretendemos dar lecciones a nadie. Pero la realidad es que nos encanta dormir con ella.

Creemos firmemente que así se fortalecen otras cosas. Hay una conexión especial en despertarte a media noche y sentir su respiración tranquila al lado, o ver cómo te busca la mano instintivamente sin despertarse.

Esos lazos que se crean entre padres e hija en la intimidad y seguridad de la noche valen más que cualquier teoría sobre independencia. Sabemos que llegará el día en que quiera cerrar la puerta de su cuarto y dormir sola, así que mientras ella quiera (y quepamos), vamos a disfrutarlo.

Conclusión: Haced lo que os funcione

Si me estás leyendo desde tu cama, con el móvil en modo oscuro para no despertar al bebé que tienes pegado a las costillas: tranquilo, no lo estás haciendo mal.

La cuna está muy bien para las fotos de Instagram, pero dormir abrazados está mejor. Nosotros acabamos desistiendo de la cuna por cansancio, pero nos quedamos en el colecho por amor.

Si ya hacéis colecho y os preocupa que se caiga de la cama cuando empiece a moverse, os cuento cómo lo solucionamos nosotros en este artículo sobre barreras de cama.

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