
Si antes de ser padre me hubieran dicho cómo iba a ser nuestra habitación hoy, no me lo creería. Nuestra idea inicial era de manual: la niña duerme en su cuna y nosotros en nuestra cama. La realidad duró exactamente cinco minutos.
Era tumbarla en la cuna y empezar a llorar como si el colchón fuera de lava. No aguantaba nada. Como ella no descansaba y nosotros tampoco pegábamos ojo, tomamos la decisión más práctica por la supervivencia familiar: que durmiese con nosotros.
Los miedos del padre primerizo en el colecho
Al principio, confieso que yo tenía pánico. Dormía en tensión constante pensando que la iba a aplastar o que la iba a tapar con el nórdico sin darme cuenta. Estaba hipervigilante.
Pero la verdad es que ella descansaba maravillosamente bien, mucho mejor que nosotros. Y seamos sinceros: cuando se despierta a las 5:00 de la mañana, te mira con una sonrisa de oreja a oreja y te dice «papá», es físicamente imposible enfadarse. Te la quieres comer a besos y se te olvida el sueño.
El problema: Se mueve más que los precios de la gasolina
Con el paso de los meses surgió un nuevo reto. A medida que crecen, por la noche no duermen, hacen la croqueta. Se mueven muchísimo. El miedo a aplastarla desapareció y fue sustituido por el miedo a escuchar un «catapum» en mitad de la noche.
Ahí es cuando decidimos comprar nuestra primera barrera de cama y ponerla en el lateral que quedaba libre.
La tranquilidad que nos dio esa primera noche fue tan grande que, al poco tiempo, decidimos comprar otra para ponerla a los pies de la cama. ¿Y adivinas qué pasó después? Exacto. Terminamos comprando una tercera para el otro lateral. A día de hoy, dormimos en una cama entera vallada. Una auténtica fortaleza.
Nuestra opinión honesta: ¿Merecen la pena?
Para nosotros ha sido una de las mejores compras que hemos hecho. Si estás dudando, aquí tienes lo bueno y lo que debes tener en cuenta:
Lo mejor:
- Paz mental absoluta: Dormimos tranquilos sabiendo que es imposible que acabe en el suelo.
- Fáciles de montar: No hace falta ser ingeniero, se instalan rápido bajo el colchón y quedan bien fijadas.
- Seguridad: Son altas y la malla es transpirable.
El único «pero» (para que lo tengas en cuenta):
- Cuando está despierta, justo antes de dormirse, le da por jugar en la cama y a veces se tira a propósito contra la valla. Al hacer eso, la barrera cede y se vence un poco hacia afuera. Obviamente le decimos que no lo haga, pero para tu tranquilidad te diré que nunca ha llegado a caerse ni a romperse a pesar de los embates. Aguantan el tipo perfectamente.
Si hacéis colecho y vuestro hijo es un terremoto nocturno, no lo dudéis. Vallar la cama es el precio a pagar por volver a dormir (casi) del tirón.
Y si encima tu hijo ya ha llegado a los dos años y las noches han pasado de tranquilas a intensas, puede que lo que viene después te suene: las rabietas.
Las barreras que usamos nosotros (Enlaces de Amazon afiliados):
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